¿NACIDOS PARA LA CORRUPCION?
Avelno Reyes Pech
“Nunca en la historia de la educación en México habíamos vivido tanta corrupción”, lamentan ex funcionarios y especialistas ante la suspensión de exámenes nacionales que maestros de educación básica del Distrito Federal y las entidades federativas debían presentar el día 8 de diciembre como parte de los requisitos escalafonarios.
La Secretaría de Educación Pública decidió no aplicar el instrumento en el Distrito Federal después de que un prestigiado periódico de la capital denunció en la víspera que esos exámenes eran mercancía en el mercado clandestino al estilo de los narcomenudistas casi los únicos aprehendidos por el ejército mientras los grandes capos permanecen en la clandestinidad, como la imagen de dios: se cree que existe aunque no nadie lo haya visto. O quizás se trate de aplicar a la vida nacional la frase de un ex presidente de la república: ni los oigo ni los veo
Desde hace mucho tiempo era un secreto a voces que en el puerto de Veracruz, por ejemplo, el mismo tipo de exámenes eran mercancía del mercado informal como se habla de la manipulación del resultado de los mismos sin que se decidan las autoridades federales, por elemental obligación de su en cargo dar con la identidad de quienes lucran con este material y buscaran poner remedio a algo éticamente inadmisible. Inadmisible porque de los supuestos adquirientes son educadores en servicio.
¿Quién o quienes venden los exámenes? ¿Cómo lo obtuvieron? ¿Cómo se reparten las ganancias? Nadie sabe y nadie supo. Junto con sus potenciales y efectivos consumidores juegan con los objetivos del examen y a cambio de ello acumulan y reparten ganancias toda vez que el delito se convierte así en un mecanismo de escalafón para ingresar fraudulentamente o ascender en la llamada “carrera magisterial” que es sustento de que el magisterio de educación básica se clasifique en estratos económicos con dispares ingresos entre quienes realizan el mismo trabajo, obvia transgresión de aquello que dice que a igual trabajo igual salario
Esta conducta que en una sociedad decente debería ser punible, probablemente tenga el destino de muchos actos de corrupción: que el tiempo la sepulte o lo que es lo mismo echen mano de chivos expiatorios para que los altos funcionarios pongan en práctica la la conducta de Pilatos.¿Y el objeto de los exámenes? Seguirá su curso y “aquí nada pasó” Cuando mucho, como acaba de anunciar la Secretaria Josefina Vásquez, se elaborará otros instrumentos de evaluación.
¿Desde cuando las manos que sustrajeron los exámenes para cubrir la demanda de un mercado negro están procediendo con esa deslealtad institucional? ¿Cuál es el grado de confidencialidad ha previsto? En realidad estos promotores de la corrupción tal vez nadie los moleste como nunca se exhibe y menos se castiga a los vendedores de plazas de maestro, boletas de desempeño de alhajas; de fichas de ingreso a las universidades o hasta turnos de espera en dependencias; de infracciones de tránsito, de incapacidades médicas, lotes, locales, etc.
Hace poco yo aseveraba en una colaboración periodística que la sociedad neoliberal –“del conocimiento” como alguien dice elegantemente- todo se ha vuelto vendible; individualismo extremo en el que ni un sector de docentes se salva. ¿Será que quienes compran y venden esos exámenes no imparten la asignatura de ética en sus salones de clase? ¿Quién corrompe a quién? ¿O en esta sociedad se ha eliminado el concepto “corrupción” por ser antiguo e incompatible con el “éxito” Hace muchos años, recuerdo de una película que se llamó “nacidos para perder” Me parece que podemos traspolarla diciendo que en México algunos nacieron para la corrupción. A la mejor tiene alto grado de veracidad la expresión aquella de “como México no hay dos”
Xalapa, Ver. 8 de diciembre de 2007
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