EL APRENDIZAJE
Avelino Reyes Pech
En colorido y atractivo material publicitario impreso, una exitosa empresa comercial de la ciudad de Xalapa anuncia “Aprender nunca fue tan divertido” y al voltear la hoja aparecen multicolores imágenes de muchos útiles escolares tradicionales junto a las de los modernos aparatos electrónicos.
Hace muchos años un maestro comentaba que digan o hagan lo que quieran, pero nadie ha demostrado que la forma de aprender de los niños mexicanos – no europeos, asiáticos o estadounidenses – haya variado. Esta verdad que parece de Perogrullo, viene al caso cuando en nuestros días, la escuela se ha vuelto negocio de unos cuantos y no un derecho de la sociedad, más todavía, de los niños.
Noticias sobre la educación es pan de todos los días en casi todos los medios; es disco rayado de funcionarios políticos y políticos funcionarios. No se diga de los candidatos, muchos de los cuales serán después funcionarios, pintarán edificios escolares, entregarán muebles y equipos, se tomarán fotos abrazando a niños que nunca han visto y que enseguida olvidan, pero a cambio “los padres agradecidos pronunciaran ¡hosannas! y emocionados hasta las lágrimas agradecerán públicamente tales de los gobernantes. Pero, ¿cómo aprenden los niños? ¿A quien le toca saber eso?
Por todas las actitudes que han canjeado conductas ciudadanas por la de súbditos obsecuentes sorprende que muchos de esos mismos padres se atrevan a criticar el resultado de la educación y clamen por una educación de calidad y en la óptica de sus cuestionamientos se dibujen las figuras de una escuela o de un maestro. Pero ¿Cómo aprenden los niños y jóvenes? Le interesa a alguien buscar la respuesta? Los publicistas que diseñaron el material con que comienzo este artículo acaso ¿ya lo saben? ¿desde cuándo? ¿cómo llegaron a la conclusión que los ha llevado a ofrecer los productos en referencia inicial?
Al parecer, la actitud de los padres de familia sobre este y otros asuntos educativos no son material relevante en los días en que se está cocinando el Programa Sectorial 2007-2012 del ramo federal y su Secretaría de Educación Pública navega sin rumbo claro entre amenazas explícitas o implícitas de intereses corporativos no sólo del SNTE, sino también de la CNTE, de los Académicos de Presupuestos Oficiales, de la conservadora Unión Nacional de Padres de Familia, sin faltar los Contamines, Concanacos y sus variantes por supuesto.
Cuando los diferentes, contradictorios y oponentes sectores sociales desean que su criterio prevalezca en el programa educativo y la Sra, Vázquez Mota los calma diciendo que todos los puntos de vista serán tomados en cuenta me recuerda una histórica expresión del ilustre veracruzano Jesús Reyes Heroles (por supuesto el padre y no quien heredó nombre y apellido) “Cuando un gobierno pretende satisfacer a todos, termina satisfaciendo a nadie. . . es un barco sin banderas” , sin origen ni destino, interpretaría yo.
Ciertamente en estos ires y venires de retóricas, modelos educativos que refríen propuestas anteriores, estudios y sesudas interpretaciones, nadie dice cómo y para qué se ha aprender en las aulas, en ese espacio misterioso que como afirme cuando asumí la Presidencia de la Comisión de Educación Básica del CIVE, nadie se atreve a develar, quizás porque nadie se arriesga a ver de frente lo que hacen los “maestros de banquillo” durante su permanencia en su bunker inaccesible para quienes juegan roles ajenos a la práctica real de los docentes, sean éstos distinguidos o no del programa “carrera magisterial” o de los obligatorios Talleres Generales de Actualización familiarmente conocidos por el magisterio como tegeas.
En este ambiente, es fácil entender por qué quienes ven en la educación un negocio, ofrezcan a los niños, niñas y papás, aparatos muy sofisticados y les hagan creer que con tales productos comerciales el aprendizaje es tan divertido que se puede lograr hasta sin los maestros, sin las escuelas y hasta sin papás. Las razones que la pedagogía reclama como principios rectores de la educación, ya no aparecen en el lenguaje de los educadores entre otras razones, porque a muchos de ellos les resulta cómodo que sean sustituidos por la electrónica, los multimedia y por padres de familia que han dejado las obligaciones paternales y ciudadanas por comportamientos complacientes y autocomplacientes útiles al mercado y a la ley darwinista como única opción para la juventud que pasa sus etapas de creatividad encerrada en planes, programas, escuelas y maestros que como sucede en el caso de nuestro lugar de nacimiento, padres y nombre propio nadie puede elegir.
Después de todo, muchos seguimos contando estrellas mientras otros cuentan su fortuna monetaria. A los primeros nos alienta una noticia perdida entre las páginas de un periódico por cierto dedicado a negocios, capitales y empresas sobre la utopía que viene desarrollando un grupo ilustre de maestros michoacanos basado en el concepto de una educación popular alternativa de las “escuelas de calidad” que prepara al alumno “para la vida y no para emplearse” este último propósito que tanto gusta al neoliberalismo y que en el lenguaje de sus tomadores de decisiones de política educativa se pone el ropaje que más convenga al escenario del momento y a ello colabora una población que ha abandonado la reflexión en torno a sus asuntos vitales endosándolo a quienes trabajan en todo menos en el futuro humano de niños y jóvenes.