GRACIAS, PROFESORA GORDILLO
Avelino Reyes Pech
En torno a las verdaderas intenciones que han tenido la Presidenta del SNTE y el Presidente de la República en funciones para poner en marcha el proyecto “Alianza por la Calidad de la Educación” se pueden hacer miles de especulaciones o inferencias. Sin embargo, las críticas, virulentas algunas, se han dirigido particularmente contra la Profesora Elba Esther Gordillo. Su persona y cargo han presentado blanco para el rechazo generalizado de la ya ahora famosa alianza y sus ejes de acción en marcha.
De la misma manera en que el PRI necesitó de un gobierno de derecha reaccionario para retomar un discurso sobre propuestas y acciones que durante muchos años el régimen y muchos priístas enganchados al carro del poder despreciaron, así el magisterio, la sociedad y uno que otro líder o lideresa, éstos movidos más por el río revuelto que por el futuro educativo, agradecerán el poder aglutinado en la persona de la Profesora Gordillo para darse cuenta que ahora sí hay que defender la escuela pública y el normalismo porque en ello van muchas cuestiones soslayadas hasta ahora.
Quizás nunca imaginó la actual lideresa del SNTE lograr lo que partidos políticos de izquierda, luchadores sociales, analistas críticos ausentes en el mercado de los intelectuales demandaron de los maestros y de la sociedad infructuosamente durante muchos años: interés y preocupación ante la amenaza que representa el neoliberalismo político y económico cuyo único fin es el endiosamiento de la mercadotecnia. Mientras las cifras sobre los resultados desastrosos de la política educativa y los indicadores sobre los resultados de la enseñanza nos exhibía ante muchos países y se limitaban las culpas a una escuela y a un maestro descontextualizados; en tanto se cerraron muchas escuelas normales rurales creadas por Lázaro Cárdenas pero no se afectaban a las escuelas normales urbanas entre cuyos egresados había uno que otro “exquisito de la pedagogía”, nada parecía inquietar a los actuales y futuros docentes de esas imprescindibles como emblemáticas instituciones.
Bien dice el dicho que duele más el pellejo que la camisa. Para fortuna en este caso de la nación ahora vemos con mucha simpatía y fundadas esperanzas el despertar de los normalistas en la defensa de una institución que siempre representó las aspiraciones de equidad y de justicia de este país que soporta heroicamente los embates del poder económico interno y externo. Gracias a la dimensión lograda por las declaraciones de la lideresa, cuyo calificativo de vitalicia es aplicable a más de un caso veracruzano, y quien logró unir en su contra a muchos de los que mantuvieron silencio útil mientras la figura que ahora con o sin razón denostan les ahorró desgastes políticos en negociaciones salariales y prestacionales; mientras las cosas no pusieran en peligro parcelas de hegemonía, manejo discrecional de plazas interinas y definitivas con que se mantienen atados a muchos docentes que tienen necesidad de buscar una oportunidad de empleo.
Gracias a dichos y hechos de la Profesora Gordillo, muchos maestros voltearon la mirada hacia el ahorcamiento que desde hace varios años, viene sufriendo las escuelas normales; la inanición en que se mantienen las escuelas públicas mientras se enaltecen empresas que lucran vendiendo un servicio. Si la dirigente nacional del magisterio no cayera en exabruptos, tal vez ningún dirigente magisterial dirigiría la mirada hacia la necesidad de defender el derecho a la educación mientras silenciosamente se convertía la docencia en una profesión a secas y se comparó con muchas actividades. Gracias a la llegada de un gobierno conservador que le abrió la inteligencia al régimen y su partido que propiciaron el maridaje entre representantes magisteriales y funcionarios que formalmente administraron el servicio educativo.
Carlos Monsivais, intelectual honesto en un texto publicado recientemente hace preguntas y afirmaciones que debería debatir el magisterio. Monsivaís se pregunta por ejemplo: ¿Por qué a nadie le incumben las certificaciones de la educación? ¿Por qué la disidencia no ha examinado las campañas de desprestigio contra la educación pública, que llevan casi medio siglo de existencia? ¿Qué es ser maestro o maestra ahora, cuando análisis de la ONU sitúan a México en los últimos lugares de la lista?
He aquí, a mi juicio, algunas cuestiones que deben acompañar a las protestas de maestras y maestros venturosamente acompañados de varios segregados de la dotación de plazas de docentes.