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EL RECURSO DE LA POBREZA

Avelino Reyes Pech




En múltiples ocasiones el gobernador Fidel Herrera se ha quejado de los infieles de la fidelidad que se han limitado a concursar para obtener premios en lisonjas verbales al gobernante “detrás de las cámaras” obligando al jefe del ejecutivo estatal, como dicen los “iletrados” a chiflarla y bailarla (dicho estos sin albur alguno y con el más absoluto respeto a la persona, cargo y funciones) de norte a sur, ancho y largo, de día y de noche, para atender los problemas que son deberes de sus colaboradores y que el gobernador esté dedicado a las funciones más trascendentes aunque no siempre más visibles de un mandatario y líder como el caso de Veracruz. ¿Por qué los funcionarios en cuya capacidad y disposición se confió no participan en lugares y momentos adecuados para cumplir su compromiso y todo tiene que resolver su jefe?


Durante la presentación en Xalapa del último de sus libros, un combativo y combatido líder político cuyas ideas pueden ser discutidas pero no negadas, citaba aquella expresión que afirma que “la diferencia entre un político y un estadista es que el primero piensa en las próximas elecciones y el segundo en las próximas generaciones”. En ese tenor vale preguntarse si en Veracruz los colaboradores cogobernantes ejercen la conducta del político o del estadista o preocupándose más por fotografías de actos dadivosos y de generosidades que muchas veces se hacen con recursos públicos, o lo que es lo mismo, “quedando bien con sombrero ajeno”.


La inmolación del líder campesino Ramiro Guillén Tapia el reciente día 30 de septiembre pareció sorprender a los funcionarios y transcurrida una semana los funcionarios del área no aciertan a explicar con un mínimo de coherencia, menos justificar el hecho obligando al Lic. Fidel Herrera –según vemos hoy en la prensa local – a tocar varias puertas que no precisamente dependen de su administración para saber las causas de un suceso político que tuvo lugar frente a la sede del poder ejecutivo estatal hecho que corroboró que la llamada política de “puertas abiertas” no es ni por mucho la atención menos la solución de los problemas que enfrenta la sociedad. A ese respecto recuerdo las palabras de un antiguo y querido amigo ex-dirigente de una poderosa organización sindical: “las puertas están abiertas, pero los funcionarios están cerrados, ausentes o indiferentes” Los sucesos dramáticos que acontecen en las inmediaciones de las oficinas públicas no parece inmutar a las personas que sienten que el sexenio oficial es su patrimonio personal para disponer sin responsabilidad real de lo público como nos dan cuenta ahora mismo de funcionarios municipales coludidos con grupos de signo partidista para agredir a los ciudadanos como dicen quienes se identifican como colonos del predio Mesa del Guayabo de la capital del Estado y se quejan de lesiones graves recibidas por una señora de manos de otra de grupo antagónico por conflictos territoriales. ¿Esperaran una acción de gravedad semejante al caso de Guillén Tapia y sus seguidores, los campesinos de Ocozotepec?


A principios de este año 2008, aludí en uno de mis artículos lo que Aguilar Camín había expresado en la inauguración de una cátedra de la Universidad Veracruzana en donde se refería a la pedagogía del ciudadano peticionario cuyo fin es mantener a una sociedad en la pobreza porque en estas condiciones aquella se convertía en la vía para corromper la política y mantener la práctica asistencialista mediante la cual impera la generosidad y la influencia y no la ley; el clima alimentador de la necesidad de la dádiva. ¿Por qué los campesinos, los pobres entre los pobres, tienen que ocupar la vía pública para demandar atención a su miseria disfrazada de lucha por la tierra, lotes de vivienda o atención gubernamental? ¿Quién o quienes ganan con esa situación vuelto familiar en nuestro medio? ¿La pobreza se ha convertido en recurso político en lugar de ser una vergüenza para un régimen democrático en el sentido que establece nuestra Constitución Política? El uso y abuso de la pobreza que es cívica, cultural y política en nuestro país parece tener carta de naturalización cuando no se postula que la forma práctica de acabar con la pobreza es acabar con los medios de subsistencia al que heroicamente se aferran.


El maestro Alfonso Zárate, conocido analista político y periodista escribe en una de sus columnas del mes de agosto “¿Cuándo empezamos a aceptar como “normales” los excesos de nuestras autoridades? ¿O las omisiones? (el subrayado es mío). “Que roben pero que salpiquen”; “la amistad se demuestra en la nómina”; “el que no tranza no avanza”; “no les pido que me den, nomás que me pongan donde hay”… son frases de la picardía mexicana que reflejan la cultura. . . “


A quién favorece o quiénes son beneficiarios de este estado de cosas en una Entidad tan importante como Veracruz y con un gobernante como Fidel Herrera Beltrán?


areyespech@yahoo.com


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