La debacle electoral y de imagen del Partido Acción Nacional ha vuelto más incierto el futuro político inmediato de Veracruz y del país, porque no sólo ha devuelto la vida a criterios de hacer política hegemónicos durante muchas décadas, sino que han fortalecido peligrosamente los poderes fácticos que han trastocado los más elementales conceptos de democracia y justicia social que fue lema extraído de lo que conocimos como Revolución Mexicana.
Las figuras fuertes de gobernantes, cuando carecen de contrapeso no han escrito las páginas más notables y bien recordadas de nuestra historia reciente, porque somos una sociedad caudillista en la práctica. En lugar de ciudadanos, alimentamos la práctica de hombres y mujeres que a cambio de asumir sus responsabilidades comunitarias, buscamos caudillos carismáticos y habilidosos para manejar a discreción nuestro patrimonio social. Tal parece que nos solaza la vida de súbditos con tal de que no tengamos que decidir responsablemente sobre nuestra vida colectiva.
Entre los resultados de esta cómoda convivencia, está la adulteración de conceptos cívicos que vemos y oímos a cada paso. Cito algunos ejemplos: los funcionarios que asumen una responsabilidad ya no rinden protesta de cumplir, sino que toman la protesta (vaya paradoja) y así lo citan nuestros reporteros de la fuente correspondiente. La función mandataria (el que cumple los mandatos) de los gobernantes se mudó a la de mandante (el que manda); el que manda en un Estado o en el País; en lugar de ser el último (el más humilde, discreto) de los militantes de su partido político, es el primero y le llaman así: el primer. . ; los que tienen el deber cívico y político de decidir, han cedido a su caudillo ese privilegio y esa responsabilidad.
En este tenor, ¿qué de raro tiene que las dependencias públicas, que sostienen los impuestos de los súbditos, perdón, los ciudadanos, digan y hagan sus antojos o desantojos, o no hagan algo para cumplir los deberes para los que fueron puestos en done están? ¿Por qué debería de asombrarnos la noticia de hoy de que la Secretaría de la Función Pública obstaculiza con artilugios el acceso público a las declaraciones patrimoniales de expresidentes de la república? ¿Hay alguna diferencia de actitudes entre un partido gobernante y otro?
Si las leyes y los encargados de aplicarlas estuvieran al servicio de los intereses ciudadanos, responderían con celo al escrutinio público y no harían lo contrario, convertir en asunto privado lo que debe ser interés público. En México, muchos de los funcionarios transitorios, alquilados para administrar los bienes públicos, han puesto éstos al servicio de particulares de élite. Resulta así que la administración pública sirve a la privada, que el enemigo está en casa, que equiale a la iglesia en manos de lucero.
En este mismo tenor, no es singular que en Veracruz, el patrimonio de la sociedad esté en el campo veleidoso de funcionarios que al parecer, tomaron protesta en vez de rendir cumplirla y lo hicieron ante la persona que los llevó hasta donde están y nos ilustren ahora con que si las cuentas de las oficinas de gobierno no descuadran mucho, el patrimonio no ha sido dañado, o como decía un alburero amigo: ¡qué tanto es tantito! La persona que por nombramiento y concepto cívico debe ser celosa guardián del patrimonio de todos los veracruzanos nos ilustra que si es tantito, no pasa nada, es decir, que para que alguien para pueda ser calificado por homicidio debe ser magnicida, es decir, por mayoría sale más barato como dice la sabiduría popular. ¿Quién se atrevería a cuestionar semejante filosofía? ¿Usted, amigo lector?
Xalapa, Ver. 27 de enero de 2008
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