¿POR QUÉ FIDEL?
Avelino Reyes Pech
Xalapa, Ver. 4 de julio de 2007
Un estimado y leído articulista ha insistido por lo menos en dos publicadas ocasiones en esta pregunta refiriéndose al hecho de que muchos errores u omisiones en las acciones de gobierno son atribuidas injustamente al Gobernador y nadie culpa a sus colaboradores de gabinete que son quienes al menos en teoría ejecutan las acciones públicas.
No se trata en estas líneas de ponerle adjetivos a las intenciones que tiene el autor referido en defensa del Gobernador del Estado ni contra muchos de los colaboradores que el mismo Fidel Herrera ha admitido en su “gabinete”, sino en todo caso traer a colación algo de lo que también nos ha enterado la prensa escrita y electrónica y que la ciudadanía debe interesarse.
Así pues, como dice cierto argot contable, “salvo error u omisión”, una explicación al hecho que provoca la interrogante es que en los dichos y hechos sólo es Fidel. El Sr. Gobernador, sin agraviar ley alguna, es quien opina, decide, anuncia, promueve, acepta, rechaza, censura o ignora en público todo lo que acontece en Veracruz. Está en todas partes y todas horas en cualquier rincón de la entidad. Ningún funcionario admite ser autor de tarea alguna, sino que todas sus acciones son “por instrucciones del gobernador” Nadie que ejecute acto de gobierno, dice que se trata de iniciativa propia. Todos afirman implícita o explícitamente que se le debe a su jefe político incluyendo hasta el color de la camisa literalmente hablando. ¿De quién es la culpa? Pues como dice una jocosa expresión: “di tu plimelo”.
Los resultados están a la vista. Pondré dos ejemplos: Fidel, en uso de sus facultades constitucionales, envió a la Legislatura Local una iniciativa de reforma a la ley del IPE y transcurridos unos días, uno de los consejeros de ese Instituto dice públicamente que los sorprendió el gobernador en el procedimiento; además de que en efecto, el anuncio de tal iniciativa lo hizo público el Sr. Gobernador y no el Director del IPE quien también preside el Consejo Directivo de este organismo.
Cuando todavía no se apaga la escaramusa transitoria que manifestaron algunos derechohabientes del IPE más bien por la subestimación que de ellos hicieron sus líderes, el Sr. Gobernador anuncia que el actual edificio del Instituto de Pensiones cambiará de fines y en ese viaje, el alcalde xalapeño exhibe un proyecto de transformación del espacio aludido. Mientras todo esto aparecía en la prensa los Consejeros no pronunciaron que “esta boca es mía” a pesar de que en opinión de algunos de ellos, el edificio en cuestión está bajo la administración y responsabilidad del propio Consejo Directivo. Hoy, el Director del Instituto pensionario sorprendió asegurando que todo lo declarado anteriormente no es exacto.
Ante tales cosas cabe preguntar ¿Alguien se adelanta en las noticias sólo para ganarla como es el afán de muchos reporteros? ¿Es delito que quien hable en nombre de las dependencias sólo sea el gobernador? ¿A quién le beneficia o perjudica tal proceder? ¿Hay problemas de veracidad o de desinformación en las declaraciones? ¿Quién gana o pierde con esa actitud? ¿Se tratará en este y casos parecidos de ausencia de elemental prudencia o discreción política?
Una tan influyente como poderosa lideresa nacional ha dicho y es fiel en sus actos a esta afirmación, que “en política, las cosas no son como son sino como parecen”; y aplicado tal sabiduría a este asunto lo que “parece” y aparece en Veracruz es Fidel y por tanto, a la pregunta “¿Por qué Fidel? la respuesta que se antoja es porque en Veracruz sólo es Fidel y no hay elementos para creer que es por afán de publicidad particular, menos por innecesario exhibicionismo personal, sino más bien parece que la razón está en las circunstancias en las que se ve obligado el mandatario estatal.
Una reflexión que se me antoja, es que en una sociedad con muchos lustros, décadas o quizás siglos de autoritarismo, caciquismo y líderes “vitalicios”, el tránsito a una convivencia democrática y racional es como los partos de alto riesgo: angustiante, doloroso e incierto. Si los funcionarios de gobierno claudican en sus atribuciones, exageran sus lealtades o disimulan sus ineptitudes, no es culpa de quien los nombró y por tanto no debe sorprendernos de por qué el Sr. Gobernador es el único que parece y aparece