EL MODELO EDUCATIVO
Avelino Reyes Pech
A unos cuantos días del término legal, la Secretaría de Educación Pública Federal convocó a las entidades federativas a hacer propuestas para la elaboración del Plan Sectorial de Educación 2007-2012 que formará parte del Plan Nacional de Desarrollo que por ley debe presentar la Presidencia de la República. Sobre ese asunto, la titular del Ramo, declaró en Guadalajara que “vivimos en la antesala de un nuevo modelo educativo. La afirmación sobre un nuevo modelo forma parte de un documento titulado “ejes de la política educativa” producido y distribuido por la Unidad de Planeación y Evaluación de la Política Educativa y propuesto como base de análisis en los foros de consulta que se pretende realizar en las entidades del país con el fin citado al principio. Este documento acierta cuando ubica dentro del rubro “gobernabilidad y gestión democrática” la necesidad de establecer acuerdos entre todos los actores y los arreglos institucionales para impulsar una forma de gestión para un nuevo modelo democrático, sin embargo, la contradicción comienza cuando lo que se percibe es el uso de procedimientos que no superan la simple formalidad en los tiempos, espacios y participantes acostumbrados.
Rosana Lecay en su trabajo “Buen Gobierno en la Educación” que recientemente publicó la Fundación para la Cultura del Maestro sostiene que existe un consenso en cuanto a que la educación es un vehículo insustituible en la socialización política, pero la controversia se ha dado en la forma que esta socialización debe tomar. Por su parte, Leonardo Sánchez citado por esta autora distingue tres posturas: comunitaria, neutral liberal y libertaria dependiendo de si el sistema educativo debe transmitir de forma universal los principios y valores sin reparar en creencias particulares ; respetando las formas de pensar y presentando diversos puntos de vista para que el alumno escoja por sí mismo produciendo la socialización a través de la transmisión de valores comunes y diferentes alternativas y el aprendizaje a partir de la libertad de elección; o si el sistema educativo debe tomar en cuenta la libertad de los padres para escoger el tipo de educación que crean conveniente para sus hijos y en ese caso los valores democráticos se da a través de las iniciativas sociales y no por los contenidos educativos elegidos por el Estado. En conclusión, la escuela y los resultados de lo que en ella acontece no están – no deben estar - divorciados de los ideales políticos, de las elecciones económicas y de la estructura social.
Si se quiere ser congruente con la aseveración de los funcionarios – y que además es cierto – de que vivimos en una sociedad en proceso de desarrollo democrático y si efectivamente estamos en la antesala de un nuevo modelo educativo, entonces tendríamos que contar con una escuela que “abre las puertas a la participación política, a la formación de juicios críticos y a la identificación con valores e instituciones democráticas” reales y no meramente formales, es decir, dejar la retórica vacía y de las declaraciones políticas.; por el contrario, definir el gobierno de la educación y los cambios que deben operar para que el sistema pueda ser gobernado mejor que hasta hoy y sobre todo, qué es lo que se debe hacer para no repetir los vicios que por décadas ha venido sufriendo la educación mexicana pues como saben muchos mexicanos, llevamos mucho tiempo buscando un modelo que satisfaga las necesidades y características de la nación: su historia, sus ideales, sus prioridades, su idiosincrasia, en pocas palabras, su identidad. Hemos copiado, importado, repetido, inventado o probado planes, programas, teorías y hasta ahora todos deseamos tener mejor educación, sólo falta que el país entero definamos cómo, con qué, con cuánto, con quiénes, y sobre todo o antes qué todo, mejores para qué, porque la gran pregunta cuya respuesta debemos la sociedad contestar es EDUCAR PARA QUÉ.
Quizás las conclusiones de los foros a que ha convocado el gobierno no trasciendan los espacios de los expertos que sean seleccionados por otros expertos para hacer el trabajo del discurso final y la consecuencia de ello, sea como en ocasiones anteriores, que esos vacíos de información los cubra la sociedad en general y los maestros en particular con especulaciones muy lejanas de las soluciones fundamentales sobre la educación. Por por otra parte, si los funcionarios actuales de educación ubican un modelo educativo dentro del rubro de la “gobernabilidad y gestión democrática” y como condición para ello, la necesidad de establecer acuerdos entre todos los actores y los arreglos institucionales para impulsar una forma de gestión para ese modelo, es de suponerse que también hay disposición para admitir todas las implicaciones del fracaso de un “programa institucional” basado en valores irrefutables y que ahora no puede aplicarse porque para una educación funcional son premisas insoslayables: sujetos autónomos pero también solidarios, es decir, ciudadanos.
Con todo lo anterior deberíamos preguntarnos y responder cómo aplicar un modelo que guarde equilibrio entre control central y autonomía no sólo de personas sino de niveles de gobierno; cómo y qué tenemos de común en la cultura nacional; cómo debe ser la definición del docente actual; cómo definimos una escuela nacional; cómo hacemos real la igualdad de oportunidades y limites de la escuela; cómo, cuándo, quiénes y donde se tomarán las decisiones fundamentales.
Cómo llegar a un acuerdo cuando los encargados de la planeación y evaluación educativa en el país no pueden negar que los beneficiarios del sistema y sus principales actores carecen de mecanismos y canales de comunicación con quienes están obligados a atender sus demandas y necesidades y que “el sistema educativo en su conjunto funciona a través de controles verticales . . . que resultan anacrónicos y contrarios a la evolución de una sociedad en proceso de desarrollo democrático.
Hace catorce años se firmó un Acuerdo Nacional para la “Modernización” de la Educación Básica y después de ese tiempo una de sus protagonistas e impulsoras dice que “ya” es tiempo de evaluarlo. De igual manera se creó posteriormente el Consejo Nacional de Participación Social, pero no sabemos que éxitos o fracasos ha tenido en las escuelas. Ahora se menciona un Consejo de Estado para el Desarrollo Educativo o una Conferencia Nacional para la Gobernabilidad Democrática del Sector Educativo. Como se ve, por nombres, figuras y oficinas no paramos aunque el 40 % del presupuesto educativo se ocupe para la administración mientras un connotado exfuncionario de ese sector y además investigador haya constatado que la última aplicación de “Enlace” profundice el retraso educativo porque no pone la prioridad en aprender sino en aprobar un examen para el cual hay que capacitar a los alumnos y el especialista formula preguntas que muchos podríamos suscribir: ¿quién le dedicará tiempo a montar una obra de teatro, a la observación y al experimento en ciencias? ¿Cómo atender a los que se rezagan y a los que tienen sus propios estilos de aprender? Antonio Malecón Díaz, en una interesante publicación del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo compilada por el ExSecretario de Educación Pública Fernando Solana después de precisar los éxitos que el país ha tenido en la educación confirma lo que muchos saben: un tercio de la población total del país con más de 15 años no ha culminado la educación básica. De cada cien alumnos que inician su primaria 14 no la terminan y 11 no se inscriben en secundaria y de los que la inician 12 no la terminan; se inscriben 50 en bachillerato y terminan 27 ; finalmente terminan la licenciatura 14 de los cien y sólo siete se reciben en los primeros dos años después de concluir sus estudios y como decía un animador televisivo: aún hay mas. Pero eso sería tema para otra ocasión.
Por ahora baste decir que ante situaciones como las descritas, es crucial decidir si la solución del problema sólo es asunto de más dinero, más aulas, más maestros, más tecnología y más funcionarios como suelen proponer en foros y congresos.
Xalapa Equez. , Ver. 8 de mayo de 2007.